1-UN SOFA ES ALGO MÁS QUE UN SITIO DONDE SENTARSE

Concurso finalizado

Ya tenemos los 5 microrrelatos ganadores de esta primera edición del concurso de microrrelatos junto con los otros 45 finalistas:

1º premio: 1 Sillón Moonrise + 1 Manta Famalover + 1 CD
2º premio: 1 Sillón Lenny + 1 Manta Famalover + 1 CD
3º premio: 1 Sillón Roxane + 1 Manta Famalover + 1 CD
4º premio: 1 Sillón Miranda + 1 Manta Famalover + 1 CD
5º premio: 1 Mesa Sole Aianne Love + 1 Manta Famalover + 1 CD
Los 45 finalistas restantes, recibirán una manta Famalover. Además se ha realizado el sorteo de 25CD "Dignity and Freedom" del grupo Freedonia entre todos los participantes.

RELATO GANADOR:
Primer premio

¡Cómo cambia la perspectiva de las cosas! Desde que mi casa la invadieron enanitas, ni mi sofá es mío, ni mi tiempo, ni tan siquiera mis propios pensamientos. Estas pequeñas conquistadoras se han hecho con mi vida por completo. Por otro lado, es la mejor incursión que se me ocurre. Hay ocasiones en que los astros parecen alinearse, de tal forma que el silencio gobierna y no sospechosamente relacionado con travesuras. Entonces me siento en una esquinita del sofá, acomodo los cojines, abro el libro que intento leer a cuenta gotas y me relajo. Cuando mis ojos llevan algo así como dos minutos deslizándose por la historia suelen suceder cosas como que unas plumas asomen por el lado opuesto del sofá, acompañadas de risitas nerviosas, que intentan no pasar inadvertidas sino involucrarme en una peli de vaqueros. La sonrisa se me acomoda en la boca, cierro el libro de un golpe, provocando gritos en las peligrosas apaches que vienen a atacarme y me lanzo con toda la caballería, porque me digo a mi misma: "los libros me esperaran , pero mis hijas nunca serán tan pequeñas como ahora, ni querrán jugar a conquistar el Fuerte en que convertimos nuestro sofá"

- emma, miranda de ebro -

Segundo premio

Esperábamos nuestro otoño para gozar nuestra soledad juntos. El puto destino nos jugó una mala pasada, como suele. Los hijos habían volado, era normal, su vida era suya, pero a ti mi niña, se te llevaron, ibas a cumplir cincuenta, y no los cumplirás jamás. Ahora la soledad es toda mía. Estoy plagado de soledad, desconsuelo, tanto llorar. Mis hijos volaron lejos, me llaman, quieren que vaya, pero no quiero dejar nuestra casa, todo me la recuerda, pero cuando me rompo, cuando me duele hasta la médula es al sentarme en nuestro sofá. Tiene muchos años, pero tiene tanto nuestro…Las veces que nos hemos revolcado disfrutando nuestra pasión, las broncas que hemos tenido, uno en cada punta, para luego, o más luego, o al otro día olvidar, queriéndonos mucho más. Cuando todos, con los niños guerreábamos con los pobres almohadones… si hablaran. Cuando sentados, muy serios, nos citaban a capítulo los chicos, uno primero, la otra después, anunciando sus vuelos. Y es que sentado en nuestro sofá, te huelo, te siento, te recuerdo, te añoro, pero lo quiero, lo único que me queda de ti, es eso, recordarte, aunque duela y duele, pero no puedo olvidarte…ni quiero.

- Francisco Juan, Valencia -

Tercer premio

Llamamos a un experto para averiguar donde empezaba el sofá y donde terminaba nuestro gato. No recordamos que lo haya abandonado en su vida. Tememos lo que pueda ocurrir si salta al suelo, sus patas no están acostumbradas a una superficie más dura que los cojines. Tal es la situación, que incluso hemos dudado si el gato lo compramos o vino con el sofá. Y lo peor es que no nos deja sentarnos. Nos saca las uñas. Hemos intentado negociar con comida, felinas, y otros sofás. ¡He incluso llegamos a ofrecerle dinero! Pero se niega a dejar su acomodado territorio. Ahora solo nos queda mirarlo sentados en las sillas de dura madera, preguntándonos como un animal que vive tan blandito puede tener un carácter tan duro.

- Andros, Valencia -

Cuarto premio

Yo llegaba saturada del mundo. O quizá el mundo comenzaba a saturarse de mí. Malditos Lunes. Dejé el bolso en la mesa y me tumbé en mi querido sofá azul. Lloré, le grité, le pegué y él no dijo nada. Me sequé las últimas lágrimas y le pedí perdón. A fin de cuentas, él había estado desde el principio. Era el único que no se había marchado. Le abracé de nuevo y sonreí. Mi sofá azul había estado siempre. Cuando conocí a Jorge. Cuando conseguí el trabajo. En mis 22. Cuando ganamos La Champions. La primera vez que hicimos el amor. Cuando mamá superó el cáncer. En la primera fiesta. Cuando me rompí la rodilla. En todas las resacas. Cuando él se marchó. Al cumplir 24. Serví una copa de vino y dos gotas cayeron sobre nosotros. Hace años hubiese enloquecido. Pero ahora no, ahora ya éramos íntimos. Confidentes. Nos habíamos convertido en familia. Quizá él también quería brindar por todo lo vivido. Así que cerré los ojos, y decidí ser feliz en el único lugar dónde conseguía aislarme del mundo. O quizá donde el mundo lograba aislarse de mí.

- Diana, La Rioja -

Quinto premio

Al llegar a casa solo pienso en  cambiarme de ropa, hacerme una infusión y sentarme a disfrutar de un buen libro. Todo combinado es pura Gloria. Nadie diría que estas tres cosas son difíciles de combinar, pero realmente es una misión imposible. Lo de cambiarte de ropa no es difícil por supuesto, hacerte la infusión tampoco. Sólo hay que poner agua a hervir y elegir la bolsita que más te apetezca en ese momento. Pero lo de sentarte a leer. Uy... eso sí que es difícil. Que si llega tu niño y te pide la merienda. Que si tu marido se sienta a tu lado y te cuenta las noticias del día. Que si a tu madre le da por llamarte justo cuando estabas en lo mejor del capítulo. ...En fin, mil interrupciones que hacen muy complicado el poder tener un ratito para ti sola. Inventará alguien un sofá con escudo protector anti interrupciones? Ojalá

- Eulalia, Vizcaya -

Finalistas

Una suave luz iluminaba ligeramente la habitación. Se encontraba totalmente vacía, al igual que el resto de la casa. En el quicio de la puerta, una feliz pareja de recién casados observa el interior. Hoy, por fin, llegaba el primer mueble: un mullido sofá en tonos pastel lleno de cojines. Sabían que era el primer paso para construir una vida dentro de esas cuatro paredes. Aún así, poco imaginaban ellos todo lo que sucedería en ese sofá. La primera vez que lloraron juntos con una película, el día que ella le susurró que estaba embarazada, romper aguas apoyada en el respaldo, dormir la siesta con su pequeño hijo acurrucado junto a ellos, ese refresco derramado mientras celebraban un cumpleaños, solucionar a base de besos sobre los cojines cada una de sus peleas, los saltos de alegría al recibir una buena noticia... Y así, poco a poco, poder decir que ese desconocido lugar se había convertido en un hogar lleno de recuerdos.

- Lorena, Murcia -

Ella me enseñó que el sofá podía ser un lugar no sólo para sentarse uno a ver la tele mientras merendaba el pan con chocolate o las galletas con mantequilla. Era un lugar de tarea. Se sentaba a mi lado todas las tardes, y, mientras yo hacía los deberes, ella cosía tranquilamente. Cuando notaba que me distraía, levantaba la cabeza y se me quedaba mirando como si sonriera con los ojos. Yo entendía el mensaje y me aplicaba a lo mío. A veces, cuando estaba cansado, me ponía con el lápiz a pintar arbolitos en los márgenes de la hoja con los problemas de matemáticas. Eran árboles pequeñitos pero frondosos; garabatos en rama, decía ella. Entonces, como jugando, mi madre cogía las ceras y les daba color a mis dibujos. A mí me hacía mucha gracia. Pasados los años, ya en mi propia casa, mi madre se ha venido a vivir conmigo. Tampoco ahora el sofá es sólo lugar de descanso. Allí le leo, a pesar de que ella apenas me reconoce; y sigo pintándole árboles que ella se esfuerza por colorear. Cuando piensa que le ha salido algo bonito, me sonríe…

- Tomás, Sevilla -

Al llegar a casa solo pienso en  lo poco que falta para «MI TIEMPO» Me lleno de energía automáticamente para poder terminar lo antes posible. Bañar a las niñas, desenredar, secar, poner pijama, uff ya falta menos, cena, peleas -¡Yo quiero mi tablet! -¡yo quiero ver los dibujos! -Ni tablet ni dibujos, mañana hay colegio, un cuento y a dormir. ¡Por fin! Un momento para mí, enciendo la lámpara, cojo mi libro, posición favorita en mi sillón favorito y a disfrutar.

- María Victoria, Málaga -

Al llegar a casa, se busca la paz. En ese momento que la respiras, te das cuenta que eres un afortunado y que la vida te sonríe en muchos aspectos. Sabes que vives en un mundo marcado por el azar: es maravilloso y a su vez injusto. Dejas atrás todo lo sucedido para desconectar tu cuerpo y mente. No importa lo duro que haya sido el día, lo que importa es que quieres estar relajado y cómodo. Es entonces, cuando comienza en tu sofá, uno de los mejores momentos del día: te acompaña una grata compañía, contemplas una buena película o te deleitas de la cautivadora tranquilidad. La vida se vive por momentos. Por mucho tiempo que pase, hay momentos que jamás se nos olvidan y se nos olvida disfrutar al máximo de cada día. Recuérdalo siempre, un sofá no es solo un sitio dónde sentarse.

- SIMÓN, VALENCIA -

Dicen que la tranquilidad es un estado en el que solamente permaneces unos segundos. Lo justo para que tu cerebro desconecte de los mil pensamientos que tiene y se relaje, por unos instantes. Sin embargo, no es fácil llegar a esa condición de paz. Hace falta una buena dosis de templanza para atar en corto aquellos pensamientos hiperactivos que pugnan por ir más rápido que la luz. También es menester encontrar aquel lugar especial donde reposar, física y psicológicamente, y así dejarnos atrapar por aquel trono, digno de un rey y lleno de cojines de colores. Finalmente, no podemos olvidar cortar el cable correcto para desenchufarnos de tanto voltaje contratado y derivado de las exigencias de unos y la poca lógica de otros. Dicen que la tranquilidad es un estado en el que solamente permaneces unos segundos pero, como el tiempo es caprichoso, saborearé esos instantes como si fueran horas.

- Belle de Jour, Madrid -

AMOR A PRIMERA VISTA Mi vida no tuvo sentido hasta que él llegó a ella. En su compañía disfruté de momentos únicos: el placer por la lectura, el cine, la música… Con él aprendí a dejar volar mi imaginación a lugares donde nunca podría llegar debido a mi precaria economía. Sentía como me envolvía, me arropaba, me aportaba confianza en mí misma. Su tacto suave, su tersura, su aroma me perseguían a todas horas, allá donde estuviera. Ansiaba constantemente volver a sus brazos, sentir su calidez, palpar su contorno. Estaba hecho a mi medida. Nadie como él sabía guardar un secreto. Nunca antes había disfrutado tanto de una compañía que supiera escuchar.No quiero perderlo por nada del mundo. Solo aspiro a poder envejecer en su presencia. No me importaría morir en sus brazos. Mi sillón lo es todo para mí, por eso ocupa un lugar preferente en mi salón, junto al ventanal, testigo perpetuo de nuestra complicidad, nuestra firme alianza, donde nunca se interpuso el más mínimo desacuerdo.

- CARMEN, CANTABRIA -

Hacía tanto que no nos veíamos... Y al tenerla aquí, sentada a mi lado en el sofá, solo podía pensar en todo lo que tenía que contarle. Cuántas cosas han visto este sofá desde que ella decidió cruzar el charco! En él he llorado su partida, he comido helado por encima de mis posibilidades, he intentado olvidarla ocupando su hueco del sofá con otros traseros (mala idea), he visto más películas que días tiene el año, he leído libros de autoayuda hasta entender que ayudan poco,... Él (el sofá) ha sido cárcel, oasis, confidente y hasta amigo. Me ha dado calor e incluso esperanzas. Y al final... Aquí estamos de nuevo los tres. Empezando lo que nunca acabó.

- María, Sevilla -

Cuando nos reunimos en casa preferentemente el fin de semana, o sea; cuando estamos todos, el sofá nos espera anhelante. No existe imán tan poderoso que no atraiga con tanta fe a la family (como dice mi hija, la anglófila): En ese lugar tan plácido se devoran las pizzas mientras contemplamos la pantalla que ofrece el partido de fútbol, el concurso, la gala o la peli correspondiente. Al final de la velada, cuando pesan los párpados y los cuerpos piden la horizontalidad necesaria, nos vamos retirando cansinamente, aunque yo no dudo en demorarme un rato, disfrutando a todo lo largo del receptivo, del cálido y cómodo sofá de todas las noches.

- Juan Rafael, SEVILLA -

Diariamente trabajas, cuidas de tu familia, de la casa, de tu mascota y estas súper cansado… Pero al llegar a casa el primer sitio que busco es mi sofá. Todos los problemas se olvidan porque cuando me tumbo llega el momento en el que solo tú eres el protagonista. Relajo mi mente y desconecto de todo. Soñamos con nuestro futuro, nos contamos el día a día y compartimos los mejores momentos en familia. En nuestro sofá hemos recibido las mejores noticias y hemos compartido momentos inolvidables. Es un lugar de encuentro. Diría que es el lugar más importante de la casa que conoce todos nuestros secretos: conversaciones, pensamientos, reuniones con amigos, risas con nuestros hijos y también llantos. Cuando compramos nuestro sofá pensamos en estar cómodos, en poder dormir la siesta mi marido y yo a la vez... Pero tras varios años te das cuenta que nuestro sofá es el único sitio de la casa que nos ve crecer diariamente como personas.

- Soledad, Murcia -

Aquí, abrazándola, viendo cómo se le caen las lágrimas con esa película tan tonta que ha visto mil veces, viendo cómo me mira sonriente con ellas todavía rodándole por la cara, estar aquí ahora casi me parece mentira. Después de meses picando, pintando, cargando sacos y sacos de escombros -¿quién iba a imaginar que un piso tan diminuto podía generar tanto escombro?-. Después de sobrevivir durante semanas con un frigorífico y un colchón tirado en el suelo. Después de tantas vueltas para escoger el color de las paredes, y después de decidir a voz en grito cómo colocar los cuadros sobre el sofá. Después de agujerear aquella tubería con el primer taladro en la pared, y después de llamar a los pintores para arreglar el desastre que hicimos en el salón. Ahora casi me parece mentira tener hasta una mesita de centro; casi me parece un sueño estar aquí, en nuestro sofá, tirados, comiendo palomitas mientras vemos otra vez esa película tan tonta.

- Álvaro, Murcia -

Todo comienza con una llamada, un guiño o un mensaje. Las excusas suelen ser variadas y siempre fingimos que nos pillan desprevenidos: "hace frío fuera", " menudo partidazo hay esta noche", "tengo un nuevo juego de mesa"... Y entonces vamos llegando, todos a una, cual vorágine de fichas de dominó, y nos acomodamos. A veces pienso que nuestro sofá es como uno de esos maxi bolsos en los que siempre cabe todo y puedes encontrar lo que necesitas para cada ocasión. Cuando toca cantar un gol de nuestro equipo, nos inventamos el mejor megáfono y gritamos extasiados. Hay días en los que nos dividimos en dos bandos y nos batimos en un duelo, al más puro estilo medieval, para ver quién gana al mus o a quién le toca mover ficha en el parchís. En otras ocasiones charlamos y arreglamos tantos problemas que a veces nos dan ganas de llamar a nuestros presidentes para decirles que ya tenemos resueltos los presupuestos o que hay solución al problema del suelo. Todo comienza con una llamada, un guiño o un mensaje y siempre termina de la misma manera: sonrisas y la sensación de que el tiempo es un ser alado, que vuela a nuestro alrededor.

- Silvia, Madrid -

No podía imaginar que íbamos a  cambiar de ciudad tan de repente, era una noche fría y la cara de los niños reflejaba el duro momento que nos tocaba vivir.Con el corazón en un puño cogí las maletas y cerré la puerta detrás de mi con la esperanza de que algún día pudieran borrar de sus mentes aquellos años de dolor, empezaba para nosotros una nueva vida en un nuevo hogar y nunca nos podíamos imaginar que aquel sofá que vimos al entrar por la puerta lleno de colores pudiera reflejar tan bien lo que nos esperaba de allí en adelante, por fin pusimos tierra de por medio y empezamos a vivir con tranquilidad en paz y armonía

- maria, a coruña -

Quien nos iba a decir que la vida nos regalaría tanto, así, en un suspiro, casi sin esperarlo. Y miro ahora aquella vieja casa que es ahora nuestro hogar, donde nos espera Boabdil cada noche con sus ojos de chocolate deseando tan solo una caricia. Y dormir juntos en nuestro sofá de melocotón, con su hocico buscando incesante mis orejas para después descansar sobre mis hombros. Y despertarme junto a la suavidad de su abrazo, escuchando los suspiros de pesadillas en las que el encierro de aquellos días entre rejas se revuelve tras sus recuerdos. Y acariciar sus grandes orejas de tiramisú para calmar sus temores y recordarle que ahora estamos juntos, volando sobre esta dulce nube de algodón, sin miedo a las alturas para llegar hasta las estrellas.

- Patricia, Granada -

Lo mejor al entrar en casa es esa sensación única de seguridad,de tranquilidad.., ese momento en que veo a toda mi familia reunida en torno a un café....esas tardes de domingo de palomitas,de risas ,de juegos todos juntos..esas charlas en las que se comparten ilusiones..proyectos de futuro..esas discusiones acaloradas que nunca llegan a mas...esos son los momentos que valen la pena ,esos momentos en los que sentados en torno a una mesa, te das cuenta que todo está bien, que lo has conseguido,que no sólo tienes una casa ...tienes un hogar, un cálido y acogedor hogar ...

- montse, barcelona -

Después de mucho tiempo le vería de nuevo en cuestión de horas. Llegué lo más rápido que pude a casa pese al maldito tráfico de cada día que me retrasa unos 20 minutos. Iba apresurada, con el corazón acelerado, llena de nervios y ganas de hacerle mío. Llevaba muchísimo sin verle, sin acariciarle y solo tenía ganas de estar con él a solas. Tenía ganas de abrir un vino, de preparar algo rico de cenar mientras escuchamos música y que solo estuviésemos él y yo. Subí las escaleras corriendo, abrí la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y de pronto, ¡Pum! Llego y me lo encuentro con otra. ¿Cómo has podido traicionarme así? ¿Cómo me has podido ser infiel? ¡Llevo pensando en ti todo el maldito día! y allí estaba ella tan relajada, tan campante, mi querida gata en mi querido sofá. Ella me miró con ojos de ‘No soy celosa, lo podemos compartir’ y aquí estamos los tres, con un polifamalove.

- Laura, Murcia -

Aquel sofá no era tan solo un sitio donde sentarse, era el lugar donde, de crío, mi abuelo se sentaba a mi lado y me leía, una y otra vez, “El Principito”. Allí, cobijado por la voz melosa del abuelo, sonreí cuando el Principito pedía que le dibujaran un cordero, me emocioné con sus aventuras y lloré cuando la última página se cerró, tras un desenlace que no deseaba. Sí, aquel sofá era mucho más que un simple mueble. Lo corroboré cuando regresé pasados demasiados años a aquella casa, tras el funeral de la abuela. Al llegar al salón y descubrir aquel viejo Chester de cuero grana, con aroma a balada infantil y arrullo de nana, casi pude sentir la presencia de mi abuelo al costado. Antes de que la primera lágrima me humedeciera los ojos, mi pequeño Ginés llegó corriendo y saltó sobre el sofá. Alargué la mano y recogí el ajado ejemplar de “El Principito”, que seguía esperándome sobre una mesita auxiliar y rodeando a mi hijo con el otro brazo, comencé a leerle la primera página. Aún no lo sabía, pero para él aquel sofá acababa de dejar de ser sólo un sitio donde sentarse.

- Ernesto, La Rioja -

Las lágrima resbalaban sobre mi fría mejilla, sin descanso. Estaba asustada, tenía miedo, miedo de aquel odio y ese dolor que sentía me invadieran por completo, me alejaran de la humanidad y de la vida. Alejé esos pensamientos e intenté pensar en otra cosa, pero no podía, tenía que ser fuerte así que rápidamente me sequé esas pesadas lágrimas y me escondí en el desván. Cogí un viejo libro, me recosté sobre el cómodo sofá redondo y empecé a leer. El último rayo de luz del día impactó sobre mi cara así dejando ver una sincera sonrisa. Cerré el libro y suspiré, aún conservando la tímida sonrisa, los libros hacían que me olvidará de todo y me sumergiera en miles de historias. Lo dejé a un lado y me levanté torpemente. Elegí un disco de vinilo de la estantería, lo coloqué despacio en el tocadiscos mientras lo encendía. Levanté la aguja y la dejé caer suavemente en el disco en movimiento. Hice unos fallidos movimientos intentando imitar a una profesional bailarina y me tiré sobre el cómodo sofá. Mientras tarareaba la canción me acomodé y cerré los ojos, al instante caí en los brazos de Morfeo.

- Júpiter, León -

Ya sé que estás en mi vida desde hace poco, que estamos todavía adaptándonos el uno al otro, y que quizá mi obsesión sea fruto del ardor de esos primeros momentos, pero no dejo de pensarte a cada instante. En el trabajo paso las horas recordando tu tacto, tu olor, el roce de tu piel al deslizarme sobre ella, en la paz que siento al reposar mi cabeza en tus brazos. Llega el momento de regresar y saboreo cada paso. Abrir la puerta en silencio, deslizarme hasta el dormitorio para ponerme algo cómodo, disfrutar del juego sabiendo que me esperas en la habitación contigua bajo una luz tenue. Lo que haga realmente después es casi anecdótico. Ver una película, leer, jugar a la consola, cenar una pizza... cualquier plan es perfecto si ya estoy recostado en la comodidad de tu ser, porque... un sofá es mucho más que un lugar donde sentarse.

- Alejandro, Murcia -

Lo mejor al entrar en casa es saber que siempre estás ahí. Llevo tiempo queriendo decírtelo. Invariablemente, cuando lo he necesitado, has estado junto a mí. Me has reanimado cuando he llegado a nuestro hogar después de un largo día de trabajo, acogiéndome en tus brazos. Cuando he enfermado, has estado ahí, a mi lado, reconfortándome con tu calidez. Incluso cuando en aquella fiesta de cumpleaños, uno de mis invitados derramó un refresco sobre tu agradable piel, no te afectó. En las siestas me mimas y en las noches adoro dormir contigo. Me acoges entre tus brazos y me transportas a los sueños más hermosos haciéndome sentir sumamente feliz. Recuerdo cuando llegaron mis padres por primera vez y te conocieron. Los hiciste sentir tan, tan cómodos que les costaba irse y despedirse de ti. Siempre has estado ahí, compartiendo todos mis momentos, complementándome en la vida. Por todo ello, gracias querido sofá. Quiero que sepas que a pesar de estar en un rincón de la casa eres el mueble más importante de la misma. Qué confortables has hecho las experiencias compartidas. ¿Sabes? intuyo que también serán así las que nos quedan por compartir. Siempre te estaré agradecido. Te quiere, Anónimo

- Alfredo Eugenio, Alicante -

Lo mejor al entrar en casa es ver a nuestros hijos creando sus propias aventuras e historias, aprovechando todos los huecos y elementos constructivos en los que se convierten el sofá y sus cojines. Nuestro sofá es una isla, un castillo, el océano, un barco pirata,....y el rinconcito agradable donde apretujarnos juntos poniendo muchos mimos al momento.

- Waleska, Alava -

Al llegar a casa sólo pienso en  reunirme con ella. Después de todo el día fuera, llego tan cansada que imaginarme abrazada a ella me produce una felicidad indescriptible. Por fin llego, y allí está, abriendo sus ojos como dos focos para no perderse ni un segundo más mi presencia. Su mirada me persigue. Sin embargo no se mueve de su rincón preferido del sofá, justo al lado de la manta. No tardo mucho en quitarme los zapatos y tumbarme en el sofá. Como un ritual, me pongo de lado, y extiendo mi brazo. Ahora solo tengo que esperar. Cuando Maika considera que me he acabado de colocar, no tarda mucho en abandonar su rincón favorito y venir hacia mí. Utiliza mi brazo como almohada y se acomoda. En breve puedo sentir su ronroneo. Sueño contigo, gatita preciosa.

- Paloma, Madrid  -

Nunca pensé que encontraría el amor delante de un escaparate. Mayo me sorprendió con una tarde fría y tormentosa, la lluvia empapaba el empedrado y las alcantarillas no tragaban. Sin paraguas, me refugié bajo la cornisa de aquel escaparate y allí fue donde lo descubrí. Su figura llamó inmediatamente mi atención, me cautivó a primera vista. No pude resistirme y entré a conocerlo; al acercarme supe que había tomado la decisión acertada. Al salir de la tienda, apareció por sorpresa un hombre con paraguas gris ofreciéndome resguardo. En apenas treinta días pasó a ser el protagonista de mi hogar, se adaptó a mi cuerpo, llenó esos espacios vacíos que siempre quedan, amortiguó mis descansos y me transmitió un sinfín de sensaciones. Con él, siempre fiel, encontré el punto de confort que me faltaba. Desde ese lugar privilegiado en mi salón, ha sido testigo silencioso de confidencias, momentos inolvidables, cafés a media tarde y cómplice de mis historias de amor de media hora. El sonido de la lluvia me acompaña en la lectura, suena el timbre, me separo de sus brazos, y recibo con dos copas de champán al hombre del paraguas gris. Esa tarde comenzó otra gran historia de amor.

- INMACULADA, MADRID -

Cómo nos ha cambiado la vida desde la última vez que nos hicimos una foto de familia en este sofá. Los abuelos ya no están. Papá también se ha ido. Y, sin embargo, aquí estamos. Resistimos los tres hermanos unidos a la matriarca. Otros han llegado. Nuestras parejas y todos vuestros hijos. Frente a la cámara, todos juntos sonreímos desde la tristeza y la añoranza, pero mirando hacia el futuro con esperanza. Todo ha cambiado, pero en el fondo seguimos siendo los que éramos y, al mismo tiempo, somos los que no éramos pero soñábamos con ser. El tiempo pasa, pero lo importante es no perder la esencia, los nexos que nos unen, los recuerdos... Podrá cambiar el mundo, pero el hogar, ese lugar en el que somos como verdaderamente somos, eso permanece y lo hará siempre, incluso cuando ya no estemos y sean otros los encargados de guardar nuestro recuerdo ante la ausencia.

- Miguel, Ourense -

Un viernes lluvioso por la tarde, al llegar todos a casa, finalizado el trabajo y los deberes y después de relajarnos un rato, dormitando, mirando el móvil, viendo una película en el sofá, nos miramos y papá comenta que mejor levantarnos y salir a cenar o hacer algo especial porque es fin de semana, pero nadie dice nada ... luego un sólo un "podría ser si pero ..es que no me apetece"...o "es que se está tan bien aquí tan relajadito". Papá no replica, sigue tumbado y decide seguir dormitando en un extremo; el resto seguimos leyendo, viendo la peli o el móvil menos mamá que se levanta de vez en cuando a poner una lavadora aunque vuelve enseguida al sofá con su libro. Así estamos ...y algunas veces sucede lo que más le gusta a Sofía, llega la hora de la cena, a mamá no le apetece cocinar, pedimos una pizza y mientras llega, nos ponemos corriendo el pijama, abrimos el Sofá Cama, unos buscamos cojines, otros las sábanas y las colchas. El Sofá queda vacío un rato, el momento justo de la cena, hasta que de repente vuelve a estar completo, esta vez, con la familia en pijama.

- Esther, Madrid -

Clara, mi mujer, vivía permanentemente cansada. Es por eso que, aquella tarde, al llegar a casa, no me extrañó encontrarla durmiendo en el sofá. Preparé la cena e intenté despertarla, pero lo único que obtuve fue una sarta de exabruptos que preferí ignorar. A partir de entonces hubo muchos otros intentos, si bien es cierto que, a medida que el tiempo pasaba, mis métodos tendían a ser más radicales: de las caricias, los susurros y las cosquillas, pasé a taparle la nariz, darle fuertes meneos o gritar hasta quedarme afónico. Nada la despertó. Cuando la desesperación se convirtió en angustia, hice pasar por aquel sofá a varios médicos que, sin excepción, dictaminaron que se trataba de un caso de agotamiento extremo. Nada que una buena cura de sueño no pudiera remediar. Tuve, poco a poco, que aprender a convivir con aquella nueva mujer, más silenciosa y menos divertida, pero no por eso quise renunciar a todos nuestros planes. Los días pasan rápido. Demasiado. Cuatro años ya. Ahora mi única esperanza es que no tarde mucho más tiempo en despertarse porque soy incapaz de decidirme por un nombre y el niño ya está punto de empezar a andar.

- Rakel, La Rioja -

Ya sabes lo difícil que me resulta despedirme de ti, así que no me lo pongas más difícil… No sólo eso… también debo decirte que he estado pensando... y creo que deberíamos dejar de vernos tan a menudo. Mi mujer está empezando a sospechar algo, y cada vez me es más complicado ocultar lo nuestro. Hoy mismo cuando salió a comprar le dije que me quedaría en casa ordenando el garaje y sin embargo aquí estamos los dos juntos, no sé qué excusa inventarme esta vez. Además el viernes pasado me compró una bici estática para el salón y no quiero darle motivos para que me obligue a utilizarla, así que tenemos que reducir nuestros encuentros casuales. Por supuesto, nos seguiremos viendo cada día después de comer, cada domingo con el partido de fútbol, cuando mi mujer y yo veamos acurrucados la película del sábado por la tarde, y por cierto, ella está embarazada así que espero que cuides de nuestro pequeño tan bien como has cuidado de nosotros. Ya que después de lo que hemos vivido eres como parte de la familia. Me despido ya de ti, pero recuerda: siempre serás mi sofá favorito.

- Alejandro, Cáceres -

El gran apoyo de mi hija de siete meses, gracias al sofá de casa comenzó a saber andar, se agarraba con sus pequeñas manos y daba sus pequeños pasos sola. Es el causante del primer castigo de mis hijos, cuando decidieron que jugar a los superheroes era divertido y lo mancharon de chocolate, ellos se defendían diciendo que eso era el poder de chocoman. Cada vez que veo la mancha no puedo parar de sonreír.

- Cristina , Badajoz -

Mi sofá, mi tesoro. Le oigo cómo me llama al final de la tarde para desconectar y relajarme. Mi sofá es mi trocito de paraíso. Me siento a gusto, cómoda y me renueva la energía después de todo el día en el trabajo. Llegar a casa y verle me saca una sonrisa y sólo pienso en dejar el bolso y los zapatos y correr hacia él, coca cola en mano. Es mi pequeño ritual y me permite tener mis minutos de gloria. Escuchar música, leer, ver la tele o navegar por internet en mi sofá es sin duda, la mejor recompensa al estrés de un duro día y eso sí, antes de ir a la cama, dormir un ratito acurrucada en mi sofá me hace tener un sueño placentero. Pero también es el mejor sitio para empezar el fin de semana. Desayunar tranquilamente en mi sofá sin prisas, disfrutar del desayuno y del día y ser feliz. ¿Se puede pedir más? ¡No sin mi sofá!

- Alicia, Valencia -

23.00 horas. Agotada de todo el día. Trabajo, niñas, casa...cuánto deseaba que llegara este momento; cada día necesito mi ratito de descanso, de paz, de tranquilidad...y ahí lo encuentro; semitumbada en él. Aquel que en tantos momentos me ha acompañado desde que nos mudamos a casa. Recuerdo la primera vez que me senté en él, esa sensación tan placentera de estar en mi hogar, no la podré olvidar. Momentos con mi pareja, con mis hijas...donde les dí tantas veces de mamar, donde me refugio en mis noches de desvelo...cómplice de lecturas, de películas, de cafés, de aficiones, de largas conversaciones... cuantas horas de descanso en él... Porque un sofá es algo más que un sitio donde sentarse, es un lugar donde soñar, vivir y compartir momentos únicos.

- Laura, Murcia -

Como nos ha cambiado la vida desde que Javier está en casa, una pequeña gran revolución que hace que todo sea distinto. Las tres últimas semanas previas a su llegada las pasamos prácticamente en el sofá de casa, apretaba el calor y él era la excusa perfecta para quedarnos tumbados “un ratito más”. Su manera de moverse, su rutina, escuchar música juntos me hizo ir conociéndolo un poquito más y prepararme para su llegada. Ahora lo miro y estamos juntos, en el mismo sofá donde le ponía música, compartiendo una tarde risas y juegos, aprendiendo tanto de él, de esa pequeña gran revolución que vino para quedarse.

- MARIA, MURCIA -

Quién nos iba a decir que Susie revolucionaría nuestras vidas y nos amaría tanto como a este sofá. Dueña de nuestro corazón y del sitio de descanso favorito de papá; de la hora de la siesta de mamá; de la cena rápida de Francis y de mis momentos de estudio mientras saboreo un café. Con pequeños saltos se desliza de cojín en cojín y me alcanza, deseando caricias y besos a los que no me puedo negar. Para comer, lo tiene fácil, se sienta a nuestro lado y husmea cada bocado. Tres años durmiendo en el mismo brazo del sofá, el derecho. Un lugar marcado por su simpático rostro y ojos color canela. No imagino a mi perra sentada en una silla, quiere estar cerca de nosotros, como si un ritual la indujera cada día a situarse en esa zona de descanso. Una más, un todo, un pack de buenas sensaciones que se agrupan en mi sofá; un mar de recuerdos que evocan la plenitud de mi vida junto a ella. La felicidad de Susie es mi felicidad y juntas nos abrazamos mientras cada una descansa en su lugar.

- Isabel María, Jaén -

Nunca un sillón estuvo tan vacío. Recuerdo aquellas tardes cuando nos contaba historias de su juventud, que nos parecían casi de ciencia ficción. Recuerdo los consejos y alguna que otra riña. Siempre andaba masticando una raíz de regaliz, que le duraba 3 o 4 días. Recuerdo ver la tele con él, las películas de vaqueros eran las que más le gustaban, decía que siempre eran los mismos indios, pero no le importaba. Siempre sentado en aquel sillón. Parece que todavía lo veo, con su ramita de regaliz. Ahora el sillón está vacío y a la vez, lleno, lleno de recuerdos, de buenos momentos, de raticos y de felicidad. Porque era su sillón. El del abuelo.

- Francisco, Murcia -

Lo mejor de estar en casa tumbado en el sofá son nuestros encuentros. Llámame loco porque lo soy, pero querida amiga, lo nuestro no es cotidianidad ni siquiera cuando nos sentamos a ver la tele, en esas noches de invierno, con los estómagos llenos de café y pipas. Sobretodo y ante todo cuando descalza porque te has desprendido de los zapatos a la entrada, corres hacía mí, brincas y te lanzas a mi cuello; juguetona me acaricias el flequillo, me arrebatas el mando del televisor, y quitas el fútbol porque lo odias. Te parece sumamente ridículo ese deporte; de hecho has llegado, fumándote uno de esos cigarrillos cuyo humo huele a eucaliptus, a declarar que quienes lo practican no se pueden considerar atletas, y yo claro, me he reído contento de tenerte a mi izquierda, revoloteando como una mariposa de alas bañadas en rosa. Al hilo, sacándome la misma lengua con la que me lees tus escalofriantes relatos para no dormir, hemos pasado una noche de risas en torno a la chimenea que aquel otoño del 79 construimos con nuestras manos, sabiendo que estábamos forjando el lugar perfecto para escapar de la rutina.

- Ana , Albacete -

Recostado sobre el diván, su paciente se negaba a seguir los consejos y rehuía sus propuestas con vagas excusas. Incluso, en ocasiones, cerraba los ojos y suspiraba de tal modo, que el doctor creía que se había quedado dormido. Harto de la haraganería de su paciente, el doctor estalló. —¡Si no va a seguir mis indicaciones y aceptar mis consejos, le ruego que abandone mi consulta! El paciente abrió los ojos, se levantó con pesadez y se acercó hasta la puerta, acariciando la madera del cabecero. —¿No me deja volver? —le preguntó, mirando al diván en lugar de hacerlo al psicólogo. —¿Dejará de leer esos libros que tanto mal le hacen? —Difícilmente. —¿Tratara de diferenciar molinos y gigantes? —Lo dudo —respondió lacónico, Don Quijote. —Entonces no comprendo por qué desea volver a mi consulta —razonó el doctor. —Me siento cómodo —asintió el de la triste figura, sin dejar de mirar aquel reconfortante diván. El doctor Sugrañes asintió con la cabeza y abrió su agenda. —El lunes a las seis tengo un hueco libre. —Aquí estaré sin falta —prometió jocundo el hidalgo, sabiendo que en unos días hallaría de nuevo un instante de descanso, para el trajín de sus agotadoras desventuras.

- María de la O, La Rioja -

Volvemos de una excursión por la montaña, menuda tormenta nos ha caído! Tiramisú (nuestro cachorro) está exhausto así que es el primero en estirarse en el sofá. Él sí que sabe... Nosotros le seguimos, después de una ducha caliente. Los tres, cobijados en una mantita y picando unas avellanas disfrutamos viendo las fotos que nos hemos hecho. A los pocos minutos, los hombres de la casa están ya en brazos de Morfeo así que... Qué puedo hacer, sino unirme al disfrute de este paraíso hecho sofá y buena compañía.

- LAURA, Navarra -

Llevaba meses pendiente de él pero no me atrevía a decirle que me gustaba. Aquella noche le invité a tomar algo en casa y se sentó en el sofá marrón del comedor. No tenía dinero para comprar uno nuevo y los muelles estaban dados de sí. Se hundió tanto que apenas podía verle. Me acerqué con una cerveza que apoyé en la mesa. Empecé a reírme al verle atrapado por el sofá como si estuviese en prisión. Le di la mano para que se levantase y él me arrastró hacía su territorio. A ambos lados, los apoyabrazos del sofá, mi espalda hundida en las profundidades, y delante su boca, acuosa y sensual. El sofá nos atrapó esa noche y las venideras. Han pasado muchos años y no queremos comprar uno nuevo porque nos recuerda cómo comenzó nuestra historia de amor, un romance que huele a añejo, chirría con muelles antiguos y se nutre de un sofá marrón apartado en una esquina del comedor.

- Eduardo, La Rioja -

Fiel compañero Jugaba alrededor de él, saltaba sobre él, dormía en él, todo giraba en torno al él. Pasaban los años y siempre permanecía a mi lado, estaba conmigo cuando lloraba de emoción al celebrar las victorias de mi equipo, cuando lloraba desconsolado por mal de amores, cuando trataba de centrarme leyendo los apuntes de historia. Me acompañaba en las noches en las que no podía dormir y necesitaba distraerme con un libro o viendo una película o cuando hacía fiestas clandestinas en casa porque se habían ido mis padres. Al que más echaba de menos cuando nos íbamos de vacaciones y el primero que me recibía a la vuelta. Siempre mi fiel compañero; mi sofá.

- Jesús Alberto, Madrid -

Es viernes, alrededor de las nueve de la noche, papá vuelve de trabajar. Son cinco días los que está fuera y cuando está en casa nadie quiere estar en otro sitio que no sea en el sofá, viendo una peli y cenando juntos. El sábado a papá le gusta ver algún debate sobre política y le acompañamos con unas pizzas. Salimos y cuando volvemos él sigue ahí, pero ahora dormido con la televisión encencida. Hay que despertarle y todos nos vamos a dormir. El domingo papá cocina la paella y más tarde llenamos el sofá de palomitas y patatas viendo algún partido de fútbol. Nos despedimos de él esa noche y el lunes ya nadie quiere estar en el sofá porque ahora es más que un sofá, es donde estamos todos.

- Raquel, Castellón -

Hola mi nombre es Alice, tengo diez años y esta y no otra es la verdadera historia de mi vida. Discurría un aburrido domingo de octubre, viendo llover desde la ventana. Cogí un libro de la biblioteca y me senté en el sofá de la sala. Tenía un título muy profético”Alicia en el país de las Maravillas”. Conforme me adentraba en el mundo mágico que describía el libro , poco a poco a su vez me dejaba acoger por mi sofá tan mullidito. Repentinamente, apareció junto a mí un Conejo Blanco vestido con chaqueta y chaleco; que salta en mi regazo murmurando que llega tarde. Al momento se adentra entre el hueco del cojín y el asiento. Decido seguirlo . Mi querido sofá se convierte súbitamente en un pozo vertical sin asidero alguno y caigo . Al finalizar mi caída entro en un mundo de absurdos y paradojas lógicas “¡Qué extraño es todo hoy! ¿quién soy? Sabía quien era esta mañana pero he cambiado varias veces desde entonces. Todo tiene una moraleja , sólo falta saber encontrarla.Búscala cerca de ti, siéntate en tu sofá , abre un libro y con tu mejor sonrisa espera.La vida puede ser mágica.

- JOSUNE , NAVARRA -

Algunos días en el trabajo eran digeribles, pero la mayoría eran tediosos hasta un punto inaguantable, pero tanto unos como otros, mi momento favorito, era cuando introducía la llave en la cerradura, abría la puerta y desde allí podía contemplar mi cómodo sofá púrpura, donde ella me aguardaba. En aquel instante todo lo que acontecía en la jornada matinal caía en el olvido, ella se acomodaba entre mis manos y yo recostaba la cabeza sobre el reposabrazos, dispuesto a dejarme llevar por el placer, mientras intentábamos crear una nueva vida. Multitud de horas pasamos intentándolo sobre los cojines, noches sin dormir, mañanas sin despertar, y vicisitudes varias. Pero al final, y tras el interesante periplo, lo conseguimos. Mi pluma y yo creamos una emocionante novela.

- Verónica, Valladolid -

Nuestro sofá predilecto Ella estaba sentada en el sofá. De repente, se levantó y abandonó la sala de estar; oportunidad que aproveché para ocupar su lugar. Parecía que estuviéramos jugando al gato y al ratón. Hace pocos meses que compartimos piso y no hablamos el mismo idioma, pero este no es impedimento suficiente para que nos comuniquemos con relativa fluidez. Movimientos variados, gestos más o menos exagerados y miradas con voluntad explicativa, se unen a las palabras y otros sonidos, conformando una especie de pseudolenguaje; fortalecido por la intuición, unos aparentes poderes telepáticos y cierta dosis de lógica. Un rato más tarde regresó. Al llegar cerca de mí se detuvo. Me miró un instante. E intuyendo que no tenía la intención de levantarme, optó por sentarse sobre mi regazo. Se removió hasta encontrar la postura adecuada, cerró los ojos y se durmió. Yo la observaba con fascinación, casi con veneración. Contemplaba sus ojos azules, sus labios rosados, sus finos bigotes… No pude resistir la tentación y comencé a acariciar su brillante y suave pelaje blanco, salpicado de manchas grises y marrones de manera irregular. Y Estrella me obsequió con su dulce pero ostensible ronroneo.

- Santos, Lleida -

"Lecciones grandes; a veces aprovechadas y a veces a destiempo, otras cogidas al vuelo. Y también lecciones a la altura del barro.De contrastes se va formando la vida" Eso era cuánto podía recordar al apagar las luces de aquel salón, para atenuar el brillo de un sol que a veces lo confundía. En ocasiones necesitaba reducir el ruido de tanta vida.Hacer balance de gente, anécdotas, risas protegidas en complicidad, días y noches que, por suerte, se hicieron eternos. Encontrar la calma bajando unas persianas; buscar el equilibrio conectándose a las mismas canciones que, año tras año,levantaron su mundo; compensar el frío sin más manta que un sofá. Siempre lo tuvo claro:Para crear un hogar era fundamental elegir a conciencia ciertos detalles, aquella estructura compuesta por madera, cabezales y tapizados hechos a medida, sería cómplice de miles de historias.Su soledad, su compañía, el amor y los límites que prefabricaba para ahuyentar la probabilidad de ser imperfectos; el vértigo que le producían sus miedos, la fugacidad de un mundo tan relativo; los bocetos de sus sueños,ésos que le hacían incorporarse cualquier tarde para darles forma desde un sofá. Algo lo devolvió a la realidad. Dos palabras desde fuera del salón: ¿...Me quieres?

- Nuria, Murcia -

Al llegar esta mañana a la consulta, he visto que el Sr Oliver había solicitado visita a domicilio. ¡Qué fastidio! He intentado gestionar la visita por teléfono, pero ha sido imposible. Tras una jornada agotadora he ido a visitar al paciente. Éste me ha recibido sentado en un sillón de escay rojo, con sus botones en el respaldo y sus volantes tapando las patas. A juego había otro sillón y un sofá con las mismas características. Acababa de ser dado de alta del hospital y no se encontraba muy bien. Mientras exploraba al Sr Oliver en el incómodo y pegajoso sillón, recordé un divertido momento infantil que tenía aparcado en el olvido. Mi hermano y yo, siempre que nos dejaban a cargo del abuelo, enfrentábamos un sillón contra el otro y jugábamos a que navegábamos, unas veces en un barco pirata, otras en una barca a la deriva a punto de llegar a una isla desierta… Otras veces, cuando estábamos cansados, nos tumbábamos y dormíamos soñando con las historias repletas de gigantes y hadas que nos contaba nuestro querido yayo. Al salir, supe que nunca más les pondría pegas a los domicilios del Sr Oliver.

- Mª José, I. Balears. -

Desde que tenemos a Arianne en casa, el sofá ya no es ese lugar donde nos poníamos a ver la tele y al final las niñas se acababan durmiendo. Ahora el sofá se ha convertido en una colchoneta para dar saltos, hacer el pino puente, voltereta lateral, vamos, hacer cualquier cosa cuando nadie está viendo la tele. Al final vemos menos tele y tenemos más acrobacias, todo un acierto ;)

- Nuria, Navarra -

Mi viejo sofá En aquel viejo sofá estaba mi vida. Cuando era de mi abuela, me servía de banco improvisado al recuperar las monedas que se deslizaban de los bolsillos de mis tíos e iban a parar a sus ranuras de las que mis dedos pequeños recuperan ocasionales tesoros. Tras su muerte, ya en casa de mi madre, fue lugar de juego para el tablero de ajedrez y tardes de batallas mentales. Años más tarde, fue escenario erótico de besos y flores con bisoñas amantes ocasionales del vecindario ante el pretexto del televisor y la complicidad de una manta. Ya en mi madurez fue la sede de mis tardes de cine enlatado y en versión original. Ahora, exiliado en él, mis nietos me arropan las piernas y me acercan el brasero como antídoto a la soledad y a la decrepitud. Si fuera un faraón egipcio, pediría que me enterraran con él como ajuar funerario en una pirámide más que grande luminosa.

- juan francisco, Alicante -